A todo evento el desarrollo requiere aumentar las riquezas. La base a nivel societal es sin duda la riqueza material, que facilita la creación de las otras riquezas necesarias para hablar cabalmente de desarrollo. El desarrollo verdadero es un atributo de las personas y su capacidad de pensar, crear, creer, innovar, al tiempo de un adecuado bienestar material.
Para hablar del desarrollo a nivel nacional, se requiere considerar varias riquezas. Sin duda está la riqueza material ya señalada. Pero también está la riqueza intelectual, en que no estamos muy bien. Chile no es un país que escuche a sus intelectuales, y nuestra capacidad de investigación en ciencias, humanidades y tecnología es precaria. Basta observar cómo usamos el idioma para constatar que estamos lejos del desarrollo real. En otra vena, confundimos la cultura con el arte, y por eso no avanzamos mucho en ninguna dirección.
Otra riqueza propia del desarrollo es la espiritual, que es mucho más que la religiosa, siendo ésta sólo una forma de cultivar la espiritualidad. Ahí yo diría que vamos en franco retroceso. De esta riqueza nacen nada menos que los valores de la sociedad. También debemos considerar la riqueza institucional u organizacional. Lagos decía que las instituciones funcionan, pero parece que no es tan así. La corrupción que se gestó en los períodos de la Concertación es una mochila compleja. Lo mismo ocurre con la delincuencia y la inseguridad social. La Iglesia ha perdido enorme credibilidad. Las FF.AA. son arrinconadas. El Poder Judicial es poco independiente de la política y requiere reorganización. El Parlamento está totalmente desprestigiado. Hay dudas de las estadísticas. Los partidos políticos son despreciados. Con todo, nuestra institucionalidad es aún muy superior a la latinoamericana, pero ése es un punto de comparación muy bajo. Debemos seguir la línea de la OCDE; compararnos con Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Cuba, Nicaragua, etc., no es muy gratificante.
También hay una forma de riqueza clave para el desarrollo, que es el capital social: las confianzas, el respeto, la tolerancia, la capacidad de lograr acuerdos y comunicación. En este tema nos ubicamos en la extrema pobreza. Ello se aprecia en la política todos los días. Se descalifican unos a otros, nadie dice lo que realmente piensa, los candidatos son instrumentales y no reales, en fin. La historia es también una gran fuente de riqueza. Nuestra historia no lo es. No porque no tengamos héroes, sino porque los héroes de unos son los monstruos del otro. La historia está segmentada, hay varias historias y por eso no es un capital en que apoyarse.
La suma de todas esas riquezas, en una combinación armoniosa, es el desarrollo, y se refleja en la cultura, un término escurridizo, que los siúticos confunden con ir a la ópera. La cultura es el alma tácita nacional, y esa alma, como suma de las riquezas anteriores, en nuestro caso es muy pobre. Somos un país de pobres culturales con plata. El desarrollo ocurre en las personas, no en la infraestructura.
En síntesis, y valga esto como referencia a los candidatos de este año, de todos los sectores: desarrollo es aumento de las diferentes riquezas de manera armónica: riquezas materiales, intelectuales, organizacionales, espirituales, históricas, de capital social, de la calidad de las leyes, de la probidad de los líderes. Raya para la suma, ni con flecos seremos desarrollados en 2018, ya que todo eso no cambia con sólo aumentar el PIB, aunque ello es una condición absolutamente necesaria y largamente obviada por 20 años.
Si tuviera que identificar dos ejes de trabajo para llegar a ser desarrollados, diría crecimiento económico y una gran revolución en educación. Esta última discusión ha estado realmente ausente en los debates nacionales sobre la materia, que, antes que entrar al tema de fondo, debaten el apellido que le pondrán: si pública o privada, si universitaria o técnica. Aquel candidato simplista que crea que el tema es sólo más recursos, hacerla pública y más educación técnica, es porque ni siquiera ha empezado a pensar el asunto o no lo entiende.
Lo que debemos hacer para crecer económicamente es bastante sabido. Pero lo que es educación de calidad en el siglo 21, que tiene que ver con el nuevo metalenguaje post simbólico, simplemente no ha partido. Son tareas para los candidatos.